Tiempos de ocio

“Súbitamente sintió el deseo imperioso de escribir. Cierto es que, como suele decirse, Eros ama el ocio, y que sólo para el ocio ha nacido. Pero en ese momento de la crisis, su excitación le impulsaba a tranquilizar por medio de la palabra el torbellino de sus pensamientos”. Thomas Mann

Hoy podría haber elegido hablar sobre lo que nos aqueja como sociedad: paros, malentendidos constantes, hechos de violencia que no reconocen sexo ni edad.

Podría hablar sobre la mujer, el día de la mujer y que ese día, el 8 de marzo de 1908, se recuerda el asesinato de las obreras de una empresa textil que pedían mejoras salariales, además de un trabajo más digno, con mejores condiciones laborales. Pero no. Hoy no voy a hablar de eso. Tampoco voy a hablar del tetazo, porque ya desde el término me suena a golpe. No, nada de violencia.

Tampoco voy a referirme al paro docente, pese a haber averiguado cuestiones muy interesantes respecto de la palabra huelga. Fíjense, que la palabra “huelga”, deriva de holgar y holgar significa descansar, estar ocioso. Divertirse, disfrutar, alegrarse. A mediados del siglo XIV, antiguamente, folgar, palabra común de las tres lenguas hispánicas. Del latín, tardío, Follicaré, resollar, jadear, ser holgado. La palabra “paro”, deriva del latín, parus. Paro, acción de parar. Derivan: parodia, paródico. Será que cuando se dan estos paros, muchos piensan que tienen algo de parodia, porque al no respetar los intereses o derechos de los niños, adolescentes y jóvenes, la gente termina descreyendo de los motivos que condujeron al paro.
No desconozco que los sueldos, desde hace años, están muy por debajo de lo que los maestros deberían ganar pero, abandonar a los niños, da cuenta de una cierto desinterés hacia ellos y, también, hacia las madres que trabajan pues, se les dificulta trabajar además de llevar adelante sus proyectos si deben quedarse con los hijos los que, a su vez, renuncian a acceder a conocimientos que, de otra manera, sin la escuela, no pueden hacer.

Como verán, desde el mismo título, introduje la cuestión del tiempo. Y lo hice porque, justamente, se llama ocio al tiempo que se dedica a actividades que no son las propias del trabajo en ninguna de sus modalidades. El ocio es un tiempo que no coincide con el de la oficina, tampoco con el del comercio, menos con el que se desarrolla en un consultorio y mucho menos con el de las tareas en la casa, o el de las tareas escolares. Todos pueden ser tan necesarios como divertidos pero no coinciden con el o los tiempos de ocio.
Sabemos que el trabajo tiene un lugar preponderante en la vida pero, también sabemos, que nada es tan reparador como un tiempo de descanso, tiempo que no es un tiempo de hacer nada sino de hacer algo distinto, algo que lo habitual no deja lugar para realizarlo. Es más, no deja de ser notable que muchas obras creativas, hayan sido pensadas, y escritas, justamente, en tiempos de ocio.

Como les comente hace un tiempo, en los inicios de los ochenta, me inscribí en una escuela de psicoanálisis en la que una de sus características era denominar Otium a los grupos de estudio, talleres dedicados a profundizar temas fundamentales al psicoanálisis. En ese momento, entendí que el tiempo libre podía ser el momento para pensar, investigar y “divertirse” con la diversidad de temas que podían abrirse ante nosotros, ávidos de saber.

En la Antigua Grecia se consideraba que el ocio era el tiempo auténticamente humano, un tiempo recreativo por excelencia, que podía ser el de las artes, el de la política, el de la filosofía (madre de todas las ciencias), el dedicado a la formación y al mejoramiento personal, también, el de la contemplación y, esencialmente, el de la creatividad.
Según el diccionario etimológico de Joan Corominas, la palabra ocio (del lat. otium), significa descanso, y fue la que dio origen, a su negativo: negocio (del lat. negotium), que significa ocupación, quehacer. Decir que es el negativo, ha dado lugar a malentendidos porque, los polos opuestos perfectamente pueden complementarse y crear algo nuevo.
Muchas veces se ha confundido ocio con vagancia, con pereza. Pero, en verdad, el tiempo de ocio muchas veces es esencial para tomar distancia de los avatares cotidianos.
La creación en los momentos de ocio
Howard Fast

Es interesante cómo la literatura nos muestra que, el tiempo de ocio, típico de la cárcel, puede ser un tiempo de creatividad. Un ejemplo es el del escritor norteamericano Howard Fast, que al ser llamado por el Comité de Actividades Anti-Americanas y negarse a divulgar los nombres de los contribuyentes al Comité de Ayuda a los Refugiados Antifascistas, fue preso por el macartismo en 1950 y que, mientras estuvo en la cárcel, comenzó a escribir la novela Espartaco que luego obtuvo la trascendencia y éxito que muchos conocemos.

Howard Fast, nació en Nueva York. La madre, era una inmigrante judía británica y su padre, Barney Fastovsky, inmigrante judíoucraniano. Al morir su madre en 1923 y con su padre en paro, el hermano más joven de Howard, Julius, fue a vivir con los parientes, mientras que Howard y su hermano mayor Jerome trabajaron vendiendo periódicos.

Howard demostró ser un lector voraz, leyendo lo más que podía, en la biblioteca pública de Nueva York. Simultáneamente, comenzó a escribir. Viajando a dedo y montado en ferrocarriles que recorren el país, el joven viaja en busca de trabajos y escribe. Su primera novela, Two Valleys (Dos Valles), fue publicada (1933) con 18 años de edad. Su primera obra popular es Citizen Tom Paine (Ciudadano Tom Paine). Interesado siempre en historia americana, escribe The Last Frontier, (La última frontera), sobre una tentativa de los cheyennes de volver a su tierra nativa; y Freedom Road (Camino de la libertad), sobre las vidas de los antiguos esclavos durante el período de reconstrucción. En 1948 escribe Mis gloriosos hermanos, sobre la epopeya de los macabeos, que lograron vencer a los griegos. Escribió, profundamente, sobre el amor de los judíos por su tierra y su lucha por la libertad. Fue en ese momento, en ese tiempo de ocio, mientras estaba en la cárcel, que comenzó a escribir su trabajo más famoso Espartaco, novela sobre la sublevación de los esclavos romanos encabezada por Espartaco. Fast se lo envió a su editor, al que le entusiasmó la novela, pero Fast, con el apoyo de liberales y los escasos sueldos de su mujer y suyo, creó Blue Heron Press y publicó el libro. Para su sorpresa se vendieron más de cuarenta mil ejemplares de la obra en tapa dura, que pasaron a ser varios millones tras el final del macatismo. Traducido a 56 idiomas y diez años después de su publicación, Kirk Douglas, convenció a la Universal para rodar una película basada en la novela. Al forzar Douglas la inclusión en los títulos de crédito del nombre de Dalton Trumbo, escritor también en la lista negra que había realizado la adaptación de la novela, rompió de hecho dicha lista. La película, dirigida por Stanley Kubrik, fue un éxito de taquilla.
En 1953, pese a que le fuera dado el Premio Stalin de la Paz, abandona el partido en protesta por la política represiva de la URSS con Hungría. Y, en 1977, publicó The Immigrants (Los inmigrantes), primera de una serie de seis novelas.

Como escritor, el éxito le sonrió desde joven, gracias a sus novelas históricas, que son siempre apasionados cánticos a la libertad. En Espartaco (1951), la más popular de las mismas, en la que narra la abortada revuelta de los esclavos contra Roma (73-71 a. C.), figura una dedicatoria que refleja fielmente su credo personal: «Lo he escrito para que aquellos que lo lean —mis hijos y los hijos de otros— adquieran gracias a él fortaleza para afrontar nuestro turbulento futuro y puedan luchar contra la opresión y la injusticia».
Miguel de Cervantes Saavedra

También Cervantes escribe su famoso don Quijote en las horas sin tiempo, de la vida en una cárcel. Puesto en prisión, en 1597 en la Cárcel Real de Sevilla, por haberse apropiado, supuestamente, de dinero público, Cervantes «engendró» Don Quijote de la Mancha, según dice el prólogo a esta obra.
Albert Einstein
Albert Einstein, en 1905, publica su teoría de la relatividad, desarrollo que logra gracias a sus horas de ocio en la Oficina de Patentes de Berna, en Suiza.
Ana Frank

Ana Frank, en las horas ocultas en el anexo, más allá de los bordes de aquellos tiempos aciagos, de esos tiempos devastadores del nazismo, dio a luz a su diario que sigue iluminando nuestras vidas. Recuerdo sus palabras al comienzo de su diario: “Asombra que no haya abandonado aún todas mis esperanzas, puesto que parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, me aferro a ellas, a pesar de todo, porque sigo creyendo en la bondad innata de los hombres”.
Sigmund Freud

El trabajo del análisis se inscribía para Sigmund Freud en el campo del ejercicio del ocio en su sentido clásico de actividad creadora.

El mismo Freud, en ocasión del 50º cumpleaños de su colega y amigo Ferencsy, le transmitió el deseo “de que le sean dados disposición de ánimo, vigor y ocio para concretar sus proyectos científicos en nuevos logros”. También, le sugirió que “no se deje dominar totalmente por el trabajo; y que, cuando tenga el ocio y la oportunidad necesarios, recuerde usted a su devoto amigo”.
En síntesis, el tiempo de ocio no es el que va a reportarnos un beneficio material inmediato porque no es ese el objetivo, aunque no lo excluye. Es la pausa necesaria para poder retomar la vida de todos los días, sea en donde sea, de una manera más entusiasta, con más vitalidad.
Quiero concluir con este pensamiento de Bertrand Russell:
“Ser capaz de llenar el ocio de una manera inteligente, es el último resultado de la civilización.”

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista.

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