Tiempos de ocio

Vivir sin prisa.

“Súbitamente sintió el deseo imperioso de escribir. Cierto es que, como suele decirse, Eros ama el ocio, y que sólo para el ocio ha nacido. Pero en ese momento de la crisis, su excitación le impulsaba a tranquilizar por medio de la palabra el torbellino de sus pensamientos”. Thomas Mann

Tiempos de ocio

El ocio es la dulce libertad de las exigencias del trabajo. Es como un recreo para los adultos. El ocio es el tiempo alejado de los compromisos como los del trabajo o de la escuela. Es la libertad de hacer lo que se quiera. No es el momento de mirar fijamente el reloj. Si se lee un libro en el tiempo libre, no hay prisa.

Es que se llama ocio al tiempo que se dedica a actividades que no son las propias del trabajo en ninguna de sus modalidades: ni el de la oficina, tampoco el del comercio ni el que se desarrolla en un consultorio y menos aún, el de las tareas en la casa, o el de las actividades obligatorias como las tareas escolares en los diferentes niveles y otras variantes.

Si bien, se nos inculcó que el trabajo es una virtud, todos sabemos que nada es tan reparador como un tiempo de descanso, que no es un tiempo de hacer nada sino de hacer algo distinto, algo que lo habitual no deja lugar para realizarlo. Es más, no deja de ser notable que muchas obras creativas, han sido pensadas, y escritas en tiempos de ocio.

Hace unos cuantos años, a fines de los setenta, me inscribí en una escuela de psicoanálisis (EFA), en la que una de sus características era denominar Otium a los grupos de estudio, talleres dedicados a profundizar los temas que nos interesaban. En ese momento, entendí que el tiempo libre podía ser el momento para pensar, investigar y “divertirse” con la diversidad de temas que podían abrirse ante nosotros, ávidos de saber.

En la Antigua Grecia se consideraba que el ocio era el tiempo auténticamente humano, un tiempo recreativo por excelencia, que podía ser el de las artes, el de la política, el de la filosofía (madre de todas las ciencias), el dedicado a la formación y al mejoramiento personal, también, el de la contemplación y, esencialmente, el de la creatividad.

Según el diccionario etimológico de Joan Corominas, la palabra ocio (del lat. otium), significa descanso, y fue la que dio origen, a su negativo: negocio (del lat. negotium), que significa también, ocupación, quehacer. Decir que es el negativo, ha dado lugar a malentendidos porque, los polos opuestos perfectamente pueden complementarse y crear algo nuevo.

Muchas veces se ha confundido ocio con vagancia, con pereza. Pero, en verdad, el tiempo de ocio es necesario para tomar distancia de los avatares cotidianos y volver a encontrarnos después de la vorágine.
El importante desarrollo del ocio durante la segunda mitad del siglo XX y del XXI, ha supuesto una gran diversificación del mundo del ocio hasta el punto que podemos hablar de distintos tipos de ocio.

Miedo al tiempo libre.

Según los expertos, es un trastorno que aumenta cada año y que alcanza su pico en época estival
La mirada clavada en el horizonte, la arena y el mar (puede ser un río o montañas o sierras, lo mismo da) como imponente marco visual y la promesa de un buen libro como única compañía. Parece la imagen del descanso perfecto. Pero para algunos, puede significar una verdadera pesadilla.

Aunque mucha gente fantasea con tener un tiempo de ocio propio y de calidad hay quienes lo padecen. Se trata de hombres y mujeres que ante el comienzo de un período prolongado de descanso en lugar de disfrutar de esa posibilidad de encontrarse consigo mismo, lo sufren.

Suspender la actividad cotidiana, salirse del rumbo planificado para cada día, le provoca, a muchos, un miedo irracional que trae aparejadas palpitaciones, sudoración excesiva, dificultad para respirar.

Ese temor exagerado a la idea de tener tan sólo que descansar, los altera. La rutina de todos los días los los sumerge en un estado de adicción. El cambio brusco que implica pasar del trabajo intenso a la inactividad les provoca un miedo irracional que no pueden controlar. La fobia es, justamente, ese miedo exagerado a un objeto o situación”.

Entonces, ¿es posible que alguien no disfrute del tiempo de ocio? La respuesta es afirmativa. “Hay mucha gente que no distingue entre tiempo laboral y tiempo de ocio. Para estas personas el modelo abarca los siete días, todo el año, porque el valor se mide por cuánto hago y cuánto resultado obtengo”.
La creación en los momentos de ocio

Ana Frank, en las horas ocultas en el anexo, escribió el diario de su vida, páginas que siguen iluminando la vida de muchos.

Yo tenía alrededor de ocho años cuando mi madre puso entre mis manos la obra de teatro El Diario de Ana Frank. La misma, había sido estrenada en Buenos Aires en idish, en junio de 1957; en julio, en italiano, por la compañía de los Jóvenes Actores italianos y, en agosto, en catellano, por el IFT.

Apreté la obra de teatro y la leí sin parar. Tibio atardecer tragado por una noche atormentada. Yo podía haber sido Ana. Desbordada por las lágrimas, balbuceé la pregunta que no tuvo ni tiene respuesta. ¿Por qué? Mientras le preguntaba, la voz de Ana asomaba a mi propia voz. Ana estaba viva.
_ “No podíamos hacer esto, no podíamos hacer aquello. Obligaron a mi papá a dejar su negocio…, yo tuve que entregar mi bicicleta…, no pude ir más a la escuela común holandesa… ni al cine… ni andar en automóvil… y más adelante … Nos obligaron a usar la estrella amarilla sobre nuestras ropas…”
Después, el anexo. Un espacio para que la vida sea posible. Ana necesitó imaginar que era una casa de huéspedes, una casa de verano. Gritó la sorpresa de reencontrarse con las fotos de artistas, apretó el diario que el padre le regalaba y corrió a buscar un lápiz en la oficina.
_ “¡Ana! ¡No! No quiero que traspases esa puerta jamás” – la frenó el padre.
Nunca más salir, nunca más aire puro, nunca más correr ni saltar, escribe Ana.
_ “Será duro, lo sé” – dijo el padre, con las mismas palabras que varias veces me dijo mi padre – pero recuerda siempre esto. Nadie puede poner cadenas ni cerrojos a nuestra mente, a nuestra imaginación, a nuestra inteligencia…”

Por siempre escribir. Imaginar, amar, vivir. Escribir.

Mi madre me contó que Ana había muerto de hambre cuando re realidad había muerto de tifus y, que como una flor, se había ido doblando hasta desvanecerse sobre la tierra.
Yo la imaginé un lirio. “Baila por el filo de los sueños. Espera. Sin comida. Sin agua. Su apetito era vivir”.

Es interesante cómo la literatura nos muestra que, el tiempo de ocio, típico de la cárcel, puede ser un tiempo de creatividad. Un ejemplo es el del escritor norteamericano Howart Fast, que al ser llamado por el Comité de Actividades Anti-Americanas y negarse a divulgar los nombres de los contribuyentes al Comité de Ayuda a los Refugiados Antifascistas, fue preso por el macartismo en 1950 y que, mientras estuvo en la cárcel, comenzó a escribir la novela Espartaco que luego obtuvo la trascendencia y éxito que muchos conocemos.

Estrenada en 1960, la película Espartaco se basó en la novela histórica, escrita por Howard Fast, a la que acabo de referirme. Dirigida por el gran Stanley Kubrik, con Kirk Douglas, Laurence Olivier, John Gavin, Jean Simmorns, Chales Laughton, Peter Ustinov y Tonny Curtis entre otros, ganó cuatro premios Oscar, además del Globo de Oro 1961 a mejor película y otros premios de importancia. La labor del guionista: Dalton Trumbo, fue recreada en la película hace poco estrenada “Regreso con gloria”, cuyo actor principal fue nominado al Oscar 2016.

La inolvidable película Espartaco se basó en los hechos ocurridos durante la llamada Tercera Guerra Servil (Siglo I antes de la era común). Narra cuando, en unas canteras de Libia, el esclavo llamado Espartaco, Kirk Douglas, intentó ayudar al anciano que había caído agotado por el peso de su carga. Por ese motivo, Espartaco es azotado por los guardias. A partir de ahí, el mercader de esclavos (Peter Ustinov), dirigente de una escuela de gladiadores en Capua, elije a Espartaco para llevárselo con él. Ya en Capua (Italia),

Espartaco comienza a luchar como gladiador, adiestrado por Marcelo, un ex-gladiador liberado. Con el paso del tiempo, Espartaco se enamora de una esclava llamada Varinia, la bella Jean Simmons, enviada a Roma en el momento en el que Espartaco, luego de matar a Marcelo, decide liderar la rebelión que culmina reduciendo a Capua a cenizas. Tengo presente cuando, tiempo después, los soldados de Espartaco, tras caer en las redes enemigas, no iban a ser crucificados si Espartaco se rinde y se entrega a las legiones romanas. Imposible no olvidar cuando todos los esclavos se pusieron de pie, gritando que todos son Espartaco, en honor a la persona que les hizo sentirse libres.

Mientras que todos eran crucificados a lo largo de la vía Apia, Espartaco, que había logrado sobrevivir, también era crucificado luego de vanos intentos por escapar. Tampoco pude olvidar cuando, fuera de Roma, Varinia ve a Espartaco en la cruz y que, tras mostrarle a Batiato, el hijo de ambos, el niño y la madre se pierden en el horizonte. Un tiempo más adelante, el hijo de Espartaco ya, libre, sigue adelante el empeño de su padre para lograr la liberación de todos los esclavos. El extraordinario Peter Ustinov, fue el ganador del Oscar a mejor actor.

También Miguel de Cervantes Saavedra escribe su famoso don Quijote en las horas sin tiempo, de la vida en una cárcel. Puesto en prisión, en 1597 en la Cárcel Real de Sevilla, por haberse apropiado, supuestamente, de dinero público, Cervantes «engendró» Don Quijote de la Mancha, según dice el prólogo a esta obra.

Albert Einstein, en 1905, publica su teoría de la relatividad, desarrollo que logra gracias a sus horas de ocio en la Oficina de Patentes de Berna, en Suiza.

Aprovecho la oportunidad que me brinda esta nota, para recordar a la científica cordobesa Gabriela González, coordinadora del proyecto que, cien años después, comprobó la Teoría de la Relatividad General de Albert Einsten.

A mediados de febrero del 2016, un grupo de más de 1000 científicos de distintas partes del mundo, pudieron comprobar la teoría de la relatividad La conferencia que se dictó en Washington estuvo encabezada por la vocera oficial de LIGO (Laser Interferometer Gravitational-wave Observatory), Gabriela González, quien afirmó que nunca se habría imaginado lo que iba a venir: “Nosotros sabíamos la importancia de este descubrimiento pero uno nunca está seguro cómo va a reaccionar la gente. Hasta el momento nos han dado el consentimiento y comparten nuestra felicidad”, sostuvo. Y agregó: “Somos más de 1000 y hay gente que ha dedicado la mitad de su vida a esto”.

González contó que la investigación llevó años, y que la primera vez que pudieron comprobar la teoría fue el 14 de septiembre: “Nos llevó mucho tiempo establecer los parámetros del origen de estas ondas gravitacionales”, narró.

La líder de LIGO se recibió en la Universidad Nacional de Córdoba, continuó sus estudios en la Universidad de Syracuse (Nueva York) y siguió perfeccionándose en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de Boston. La investigadora, recalcó que nada de esto lo hubiera podido lograr si no hubiera sido gracias a la educación que recibió en su provincia: “Allí me enamoré de la física. La educación que tuve fue fantástica. Yo hice mi doctorado en Estados Unidos, pero la educación que tuve en Argentina fue muy ventajosa comparada con estudiantes norteamericanos y de otros países. Estoy muy agradecida”, concluyó González

El trabajo del análisis se inscribía para Sigmund Freud en el campo del ejercicio del ocio en su sentido clásico de actividad creadora.
El mismo Freud, en ocasión del 50º cumpleaños de su colega y amigo Ferencsy, le transmitió el deseo “de que le sean dados disposición de ánimo, vigor y ocio para concretar sus proyectos científicos en nuevos logros”. También, le sugirió que “no se deje dominar totalmente por el trabajo; y que, cuando tenga el ocio y la oportunidad necesarios, recuerde usted a su devoto amigo”.

En síntesis, el tiempo de ocio no es el que va a reportarnos un beneficio material inmediato porque no es ese el objetivo, aunque no lo excluye. Es la pausa necesaria para poder retomar la vida de todos los días, sea en donde sea, de una manera más entusiasta, con más vitalidad.

Quiero concluir, con este pensamiento de Aristóteles:
“La felicidad reside en el ocio del espíritu.”

Y con este pensamiento de Bertrand Russell:
“La última consecuencia de la civilización es su aptitud para ocupar inteligentemente los ratos de ocio.”

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista.
http://www.radiosentidos.com.ar/programacion/a-la-vuelta-de-la-esquina/

Admin Radio Sentidos

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