La sobreexigencia

S .O. S. ¡Que alguien me ayude!

“El destino no se puede cambiar; de lo contrario no sería destino. El hombre, sin embargo, sí que puede cambiar, de lo contrario ya no sería hombre”. Viktor Frankl.

Con las mejores intenciones
En cualquier momento del año, sobre todo por la conmoción que las fiestas despiertan, muchos sienten la necesidad de realizar un balance: evaluar si ciertas expectativas se cumplieron además de las que no se pudieron realizar.

Son momentos importantes, en los que cabe reflexionar sobre cuánto hubo de ilusión en las metas que se hubieran querido alcanzar.

Como siempre, me propuse buscar la etimología de la palabra en cuestión. En el diccionario etimológico de Joan Corominas, leemos que la palabra ilusión, proviene del latín illusio-onis, engaño, derivado de illudiêre, engañar y ésta a su vez lûdere, jugar.

Como podemos ver, la palabra ilusión significa, también, engaño (relacionado con nuestro tema: auto engaño) y, además, tiene el significado de jugar.

Simund Freud nos enseña que si bien las ilusiones nos ahorran sentimientos de displacer y nos permiten gozar de satisfacciones, es necesario aceptar sin queja, que alguna vez choquen con un fragmento de la realidad y se hagan pedazos. Muchas veces las ilusiones, como castillos de naipes, se desmoronan con el primer soplido.

En mi opinión, cada persona es dueña de sus ilusiones pero, a su vez, cada cual debe hacerse cargo cuando no se realizan, tan sólo porque cada uno es responsable de sus sueños.

Retomando la necesidad de poner sobre una balanza los logros y los desaciertos, la experiencia da cuenta de que las mujeres son las que más balances realizan quizás, porque además de proponerse hacer más de lo que realmente pueden respecto de la vida familiar, también lo hacen respecto de lo laboral con la consecuencia de tropezar con sentimientos tan fuertes como la frustración y la angustia: en primer lugar por no haber podido alcanzar lo anhelado y en segundo lugar por no haber podido dedicarse al hogar, como lo hubieran hecho antes de embarcarse en proyectos que, algunas veces, suelen ser difíciles de alcanzar.

Es que hay una ley de la física que dice que un mismo cuerpo no puede ocupar, al mismo tiempo, dos lugares distintos. A veces, las mejores Intenciones no alcanzan, como lo muestra Billy August, discípulo de Ingmar Bergman, en su película “Con las mejores intenciones”, inspirada en la novela escrita por el mismo Bergman.

S.OS. Save our souls

SOS es la sigla inglesa usada internacionalmente, a través de la cual se formula un pedido de socorro y cuyo traducción al castellano es “salven nuestras almas”. Se comenzó a utilizar a principios del siglo XX.
Este grito de auxilio, tal como está escrito, expresa lo que a muchos les puede suceder en algún momento crucial en la propia vida y es importante que su entorno pueda escucharlo.

El angustiante pedido de socorro, dirigido a familiares y amigos, muchas veces es un verdadero motivo como para solicitar una ayuda psicoterapéutica o comenzar un psicoanálisis. Con respecto al momento en que se toma esta decisión, conviene tener presente las palabras de Borges sobre que modificar el pasado no es modificar un solo hecho. Es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas.

En nuestros tiempos, hombres y mujeres, no sólo piensan en el trabajo y la profesión sino en lograr un mejor estar, tanto en lo afectivo como en lo económico.

El imperativo de ser feliz, bien podría ser uno de los slogans de la actual sociedad de consumo: consumir como sinónimo de felicidad, consumir como símbolo de placer. La cuestión que plantea es que, si poseer y consumir ciertos objetos y vivir de determinada manera, son requisitos necesarios para ser felices.

El sociólogo Zygmunt Bauman, al que suelo acudir en estos temas, instaló la metáfora de la modernidad líquida. Como saben, Bauman distingue dos fases de la modernidad: la modernidad sólida de la Ilustración que se corresponde a la sociedad de los productores, y la modernidad líquida que coincide con la sociedad de los consumidores. En ésta, quiero subrayar que se trata de la volatilidad, no sólo en los afectos, sino de los emprendimientos que se realizan en pos de una vida que termina siendo más expuesta a la mirada del otro y, también a la crítica que se vuelve contra la misma persona. Por otra parte, alentadas por la posibilidad de un éxito inmediato, las personas llevan a la máxima tensión posible a los requerimientos éticos.

Para Bauman, “en la era de la modernidad sólida, la gratificación parecía en efecto a obtenerse, sobre todo lo referido a una promesa de seguridad a largo plazo, y no del disfrute inmediato.” En cambio, el nuevo entorno líquido conduce a “la inestabilidad de los deseos, la insaciabilidad de las necesidades, y la resultante tendencia al consumismo instantáneo”.

Nunca mucho, costó poco
Quise introducir estas cuestiones porque algunas personas, movidas por un Superyo, no sólo exigente sino muchas veces cruel, caen en situaciones de stress y sufrimiento que terminan afectando a todos los que lo rodean.

Justamente, en mi nota sobre el stress, cité a Zigmut Bauman, quien explicó en El arte de la vida (Paidós) que “la felicidad genuina, verdadera y completa siempre parece encontrarse a cierta distancia. Como un horizonte que sabemos que se aleja cada vez que intentamos acercarnos a él”.

En la vida cotidiana, es posible encontrar situaciones sin salida aparente, derivadas de diferentes situaciones estresantes: problemas laborales y económicos, exámenes, discusiones con la pareja o familia, los aumentos de precios, la disminución de sueldos, falta de trabajo, etcétera, lo que demanda un gran esfuerzo de adaptación, generando conflictos no sólo con allegados sino con nosotros mismos.

Es factible que cada uno de los factores mencionados, lleve a un estado de agotamiento, a un “no poder más”, siendo un motivo importante como para salir de la omnipotencia y pedir auxilio.
Me gustaría agregar, que en la trampa de la omnipotencia caen todas las personas, independientemente del sexo y edad.

Viene bien reflexionar sobre esta frase de Plutarco: “El trabajo moderado fortifica el espíritu; y lo debilita cuando es excesivo: así como el agua moderada nutre las plantas y demasiada las ahoga”.

De todas maneras, la sobre exigencia en sí misma, no es un problema. Incluso, muchas veces es necesaria para mejorar un trabajo, desarrollar tareas de investigación, profundizar temas teóricos. La sobre exigencia depende del quantum, de la cantidad de esfuerzo necesario para alcanzar el objetivo sin desmoronarse.

Quiero concluir con estas dos frases:

“No puedes guiar el viento, pero puedes cambiar la dirección de tus velas”. Proverbio chino.

“Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad”. Pearl S. Buck.

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista.

Admin Radio Sentidos

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