La Ira

Violencia de la sinrazón.

“Toda reforma impuesta por la violencia no corregirá nada el mal: el buen juicio no necesita de la violencia”. Leon Tolstoy

La ira
Lo que el psicoanálisis nos ense¬ña es que, respecto de la propia muer-te, nuestro inconsciente descree de ella, desde la imposibilidad misma de representación de la propia muerte. En esto se funda el heroísmo, pues el héroe desdeña el peligro y la pro¬pia muerte le es ajena. Pero, que no haya representación de la propia muerte no hace que nuestro inconsciente no deje de deseársela al otro.”¡Que se muera!” y otras frases parecidas, pronunciadas a diario, revelan los deseos de pequeños y cotidianos asesinatos.
Intentaré aproximarme a lo que nos está sacudiendo a todos, debido a los malentendidos que surgen en nuestra cotidianeidad.

En realidad, es preocupante la asiduidad con que cualquier sujeto, reacciona con un ataque de ira ante el intento del otro, el prójimo, incluso la pareja, de hacer valer un interés que le sea propio.

En el diccionario etimológico de Joan Corominas, leemos que Ira deriva del latín: cólera, enojo. O sea, en la etimología aparecen sinónimos.
El violento film “Relatos salvajes” (2014), una película argentina dirigida por Damián Szifron, narra hacia dónde puede conducir el resentimiento (escena del avión) o cómo un violento ataque de furia por no tener señal en el celular puede terminar en un crimen.

En realidad, hoy en día, tanto un piquete como una obra en construcción, un desvío en el tránsito, los pasajeros varados por un vuelo cancelado, pueden producir reacciones de ira, gritos, forcejeos, trompadas.
La ira es una emoción como tantas otras, con la diferencia de que es esencial poder controlarla. Es una respuesta natural y hasta necesaria ante posibles amenazas, además de aportar respuestas para la supervivencia humana (por ejemplo, en caso de ataque).

La ira estimula al sistema nervioso incrementando el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, el flujo de sangre a los músculos, los niveles de azúcar en la misma y la transpiración. Junto con los cambios físicos, también puede afectar el pensamiento.

En la sociedad moderna, estas emociones y reacciones son contenidas en pos de la convivencia. Las personas aprenden a expresar el enojo por la vía de la palabra, explicando qué y por qué nos molesta una u otra actitud.

Lo que convierte a la ira en acciones violentas es justamente la falta de control. Una pérdida de control típica es la del bebedor que, con sus sentidos alterados, empieza a insultar o golpear a otras personas. Pero no sólo él. En mi opinión, destruir propiedades que son de todos, no resiste ninguna excusa. En nombre del bien, se han cometido y se cometen los crímenes de lesa humanidad. Siempre.

Mitología griega

La religión griega era politeísta: se adoraba a muchos dioses, que representaban, generalmente, las diferentes formas de la naturaleza. Zeus, el más poderoso de los dioses griegos, era representado por los rayos que arrojaba desde la cima del Monte Olimpo; no tenía ningún texto sagrado o código de conducta, pero poseía numerosas historias y leyendas relacionadas con dioses, diosas, semidioses, criaturas míticas y seres humanos extraordinarios que, salvando las distancias, son muy similares a la vida cotidiana. Por ejemplo Eris, o la Discordia, una de las cuatro hijas de Zeus y Hera, conocida como la diosa de la disputa. Asociada con la rivalidad, los celos y la ira, era tan impopular entre sus compañeros dioses y diosas, que terminaba siendo la más rechazada por las deidades griegas.

Las furias, también llamadas las Erinias (erínein, ‘perseguir’) eran personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. En Atenas, también se utilizaba eufemísticamente la perífrasis: “venerables diosas”. Se aludía a ellas como “ejecutoras de las leyes”, lejos de la ira que no era bien vista, como todo lo próximo a la desmesura.

Textos bíblicos
En la Biblia, la ira de Dios es la respuesta al incumplimiento de los preceptos. La idolatría, causa de la ira divina, fue la que llevó a Moisés a romper las tablas de la ley. Miguel Ángel, en el Moisés, expresó con firmeza la ira. Confieso que cuando pude detenerme frente al Moisés, quedé totalmente subyugada por la fuerza, los sentimientos que despertaba. Freud mismo, dijo: “intenté sostener la mirada despreciativa y colérica del héroe; muchas veces me deslicé a hurtadillas para salir de la semipenumbra de su interior como si yo mismo fuera uno de esos a quienes él dirige su mirada, esa canalla (el pueblo) que no puede mantener ninguna convicción, no tiene fe ni paciencia y se alegra si le devuelven la ilusión de los ídolos”.
No quiero dejar de lado a Caín y al crimen que, causado por su ira, le marcó el destino. Dice Lacan en “La ética…” que la cólera es esa pasión que precisa de una reacción del sujeto al fracasar la correspondencia esperada entre un orden simbó¬lico y la respuesta de lo real.
Dios no se volvió, no miró el presente, le dio vuelta la cara. Caín se abatió y cayó. Enfurecido por el rechazo, Caín pierde su Edén pero, paradojalmente, entra en la existencia, con la marca de no haber sido responsable de su hermano, cuando cada uno es responsable por la vida de todos.

Cuando la ira incrementa la violencia
“La ira en el hogar, es como un gusano en una planta”, leemos en el Talmud. Y es así: corroe, destruye, socava los cimientos de la casa que con amor y no sin esfuerzo, se construyó.
Como la ira ciega y ensordece, es difícil aplacar al que es empujado por ese sentimiento. El sujeto irascible se niega a aceptar que otro piense o actúe de una manera distinta y se corre el riesgo de bordear situaciones de extrema violencia. Es más, la ira, unida a la envidia, puede conducir a robar no sólo objetos sino ideas, escritos, ilusiones, a golpear hasta invalidar al otro, incluso matarlo.
Siempre sostuve que cuando se recurre a la violencia es porque se ha perdido la razón y, la pérdida de la razón conduce a naturalizar la violencia cotidiana. En mi opinión, podríamos pensar la justicia como la sublimación de la ira.
El pedagogo, filósofo y escritor Jaime Barilko, sostuvo que lo que identifica al hombre es la Ley sostenida por la razón. ”La razón, por su propio movimiento podría llevar al conocimiento de la verdad ética”.
Maimónides habla de alcanzar el justo medio, el áureo camino que se aparta de los extremos.

Hay que controlar las pasiones y emociones, sin anularlas, como leemos en esta anécdota del Talmud:
“Rabí Pinjas dijo a uno de sus discípulos:
_ Si el hombre desea llevar por buen camino a la gente de su casa, no debe encolerizarse con ellos, porque la ira no sólo vuelve impura su alma, sino que transfiere esa impureza a los que le causaron el enojo.
Y dijo también:
_ Desde que logré controlar mi cólera, la guardo en el bolsillo. La saco sólo cuando la necesito.”

Quiero concluir con esta frase de José Martí:
“Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia nada construyen, porque sus simientes son de odio”.

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista.
http://www.radiosentidos.com.ar/programacion/a-la-vuelta-de-la-esquina/

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