El fenómeno del Bullying

“El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad”. Albert Einstein

Cuando el mandatario de Estados Unidos Donald Trump, le declaró la guerra a los medios “opositores” a su gestión, no dudé en tomar el significativo hecho en el que incurrió a través de su cuenta de Twitter, al atacar a la cadena de noticias CNN, con un polémico video en el que acusa de emitir noticias fraudulentas al canal.
#FraudeNewsCNN escribió el presidente de Estados Unidos, mensaje acompañado por un videomontaje en el que el mandatario aparece peleando al lado de un ring contra el logo de la cadena de noticias que fundó Ted Turner
Como el video fue viralizado desde su cuenta de Twitter, la CNN le contestó al presidente estadounidense recordando una declaración de la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders: “El Presidente en ninguna forma ha promovido o alentado la violencia. Si algo ha hecho, es todo lo contrario”, sostuvo Sanders el 29 de junio pasado, tan solo días antes del violento mensaje de Trump.
La campaña de Donald Trump se sostuvo en la explotación del miedo hacia los “enemigos designados”, una verdadera campaña “bully”, que supo despertar los peores y más violentos sentimientos entre sus seguidores.
Donald Trump quien parecía al principio de la contienda ser sólo un chiste en las aspiraciones presidenciales, hoy por hoy, es uno de los presidentes más peligrosos de la historia de la humanidad.
La diferencia entre un líder y un demagogo, dice Robert Reich, es que el primero “logra sacar lo mejor de sus seguidores, mientras el segundo saca lo peor”. El líder verdadero inspira tolerancia, mientras que el demagogo incita al odio. Un demagogo como Trump sabe usar a cualquiera de chivo expiatorio como, por ejemplo, los inmigrantes indocumentados.
Hay un libro muy interesante de Bernie Sanders que se titula en inglés: “Bully Nation; how the american establishment creates a bullying society”.
La campaña de Donald Trump ha sido una campaña “bully”, basada en el fomento y la explotación del miedo hacia los “enemigos designados”, exitosamente agresiva en la medida que ha logrado despertar sentimientos de naturaleza violenta entre sus seguidores.

La publicidad como forma de bullying
El mundo moderno, sólo está desencantado en apariencia, porque el grado de intensificación del sometimiento no sólo no ha cedido sino que ha ido en aumento.
Hoy, hombres y mujeres abandonan los logros que como individuos cada cual supo conseguir, casi como una renuncia autoimpuesta. Además, como la publicidad lo que se propone es tapar, ocultar o, incluso, mentir, no mostrar como muchos suponen, la misma publicidad vuelve al hombre estúpido, especulador, e insensible, piedra de toque del mundo moderno.
Los videos y la publicidad basados en la desgracia ajena, dan cuenta de que el sujeto, habituado a la desgracia y al dolor ajeno, olvida. En la puesta en escena de la publicidad, está la idea de que todo dolor es un dolor ficticio y, si es ficción, no existe. Sobre esta circunstancia, la de estar habituados a la desgracia del otro, se sostiene la cámara oculta: presenciar un sufrimiento puede llegar a ser divertido, casi un placer inocente.
En la sociedad del espectáculo, caracterizada por la frivolidad, todo parece una pequeñez: un chico muerto de hambre es nada, un pobre es nada, un vagabundo, es nada, una chica muerta es nada. Hasta la pobreza se torna familiar.

Bullying laboral y sexual
Al hablar del acoso sexual y, también, el laboral, subrayé que tenemos que contemplar, en ambos temas, el acoso psicológico. Éste es una clases de acoso que, también, podemos llamar moral puesto que se trata de una acción basada en descalificar y humillar, de una manera sostenida en el tiempo, a cualquier persona, con el fin de desestabilizarla psíquicamente, actitud, lo que, indefectiblemente, es una forma de Bullying. También al acoso sexual, tiene por objeto el sometimiento de otro a partir de una posición de superioridad.
El acoso, en las formas mencionadas, es un proceso largo por el cual la persona, sea hombre o mujer, sin darse cuenta de lo que sucede, va perdiendo su autoestima y la confianza. En realidad, no se da cuenta de que está siendo humillado y de que se le vulneran sus derechos más fundamentales y, cuando cae en la cuenta, muchas veces es tarde.
El acosador, apela a técnicas bastante sutiles como insinuaciones, miradas, mentiras y no cede hasta doblegar al más frágil, incluso dando vuelta la situación desde un lugar en el que prima la fuerza y el poder. Si el humillado, se pone en una posición defensiva, puede provocar más violencia verbal y, también, física porque, si bien el agresor no pretende destruir a su víctima de inmediato, su propósito es anular la capacidad de defensa y de rebeldía.
Podríamos considerar al acosador como un depredador, sin contemplaciones. Por ejemplo, en el campo laboral, avasalla a su víctima cuando está sola o la desacredita en presencia de otras personas. Siente el mismo placer como cuando le asigna tareas inalcanzables por los plazos para concluirlas además de amenazar con la pérdida del trabajo. Como nadie es imprescindible y muchos, son los afectados por la desocupación, la víctima se somete sin dudar.
No hay diferencias entre el acoso sexual y el laboral. Ambos se sostienen en la descalificación y humillación del otro.
En varias notas hablé de la violencia intrínseca al sujeto, pero nunca cuando se manifiesta, sutilmente, contra una persona con la intención de burlarse de ella.
Para este accionar, la envidia es la piedra fundamental, tema de nuestra reunión anterior. El término envidia, proviene del latín invidia, derivado de invidere, que significa “mirar con malos ojos, con envidia” y éste, de videre, “ver”. (Diccionario etimológico de Joan Corominas).
Quien está invadido por este sentimiento, mira con “malos ojos” las cualidades, éxitos o posesiones de los demás. El afectado por la envidia oculta sus emociones, se niega a aceptar el despecho que le produce que otro sea merecedor de algún reconocimiento y disimula sus deseos de venganza.
Como dije en notas anteriores, no debemos olvidar que el niño se ama primero a sí mismo y sólo después aprende a amar a otros, es decir, a sacrificar a otro algo de su yo. Las mismas personas que ama desde el principio, las ama ante todo porque le hacen falta, es decir, por motivos egoístas. Sólo más tarde la necesidad de amor o, en otros términos, la moción de amor, se hace independiente del egoísmo. De hecho, podríamos decir que el niño ha aprendido a amar en, o desde, el egoísmo.

Bullying o acoso escolar.

El bullying escolar es tanto el maltrato físico como el psicológico, deliberado y continuado que recibe un niño por parte de otro u otros niños que, muchas veces lo hacen para satisfacer la necesidad de agredir y destruir, que los caracteriza. Incluye numerosas conductas como burlas repetidas, amenazas, agresiones físicas. Suele estar provocado por un alumno, apoyado por un grupo, contra una víctima que se encuentra indefensa. La víctima desarrolla miedo, rechazo al contexto en el que sufre la violencia, pérdida de confianza en sí mismo y en los demás y disminución del rendimiento escolar. Se da con más frecuencia en la escuela primaria que en la secundaria y los insultos siempre resaltan los defectos físicos.
El acoso escolar reconocido como hostigamiento, matonaje, matoneo escolar, es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada, a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a través de las redes sociales, con el nombre específico de ciberacoso.
Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es la emocional y se da tanto en el aula como en el patio de los establecimientos escolares. Los afectados por el acoso escolar suelen ser niños y niñas entrando en la adolescencia, siendo mayor el porcentaje de niñas entre las víctimas. El sujeto maltratado queda, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador. Es común que, el chico o el adolescente acosado, viva aterrorizado, se resista a ir a la escuela y que se lo vea muy nervioso, abatido y muy solitario en su vida cotidiana. En algunos casos, por la dureza de la situación, algunos adolescentes son arrastrados por pensamientos suicidas.

El ciberbullying.
En varias notas hablé de la violencia intrínseca al sujeto, pero nunca cuando se manifiesta contra una persona tan sólo con la intención de burlarse. Por lo que pude averiguar, la envidia siempre fue el motor para ese accionar. Además, el que está invadido por este sentimiento, mira con “malos ojos” las cualidades, éxitos o posesiones de los demás.
El ciberbullying es el uso de Internet a través de computadoras y celulares, para ejercer el acoso psicológico, extorsionar a una persona, difamarla y otras formas para hostigar siempre desde el anonimato.
Sin embargo, en mi opinión, casi no hay diferencias entre el ciberbullying y cualquier ataque por Internet. De hecho, ya sea un chico o una persona de alrededor de los cincuenta, pueden colgar en Internet una imagen comprometida ya sea real o ficticia mediante fotomontajes.
También, les resulta divertido, poner cosas que puedan perjudicar o avergonzar a la víctima.
Es un clásico, crear un perfil falso con el nombre de la víctima y hacer circular que provee de servicios sexuales a quien lo solicitara. Usurpar la clave de correo electrónico para cambiarla y lograr que su legítimo propietario no pueda consultarlo, además de hacer circular rumores en los que, a la víctima, se la acuse de un comportamiento tan reprochable como ofensivo son otros de los recursos que obtienen más satisfacción. Otro clásico es enviar mensajes amenazantes por e-mail o SMS, perseguir y acechar a la víctima en los lugares de Internet en los se relaciona de manera habitual.
La caída de los principios éticos en la sociedad es, a mi parecer, lo que da rienda suelta al goce de someter y humillar al otro.
Quiero concluir con esta afirmación de Antonio Machado
“Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”.

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista.

Admin Radio Sentidos

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