El amor en la literatura o la literatura del amor

“Es el amor. Tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre, es la única”. Jorge Luis Borges

Romeo y Julieta.
En la tradición literaria occidental, Romeo y Julieta es la historia de amor por antonomasia, y tanto es así que su fama excede a la del mismo Shakespeare. Aunque el argumento no sea invención suya, Shakespeare lo fijó en su forma definitiva además de transformarla en una obra magistral. Es más, de la tragedia shakesperiana partieron los creadores de las más diversas disciplinas artísticas, desde la literatura, la pintura y la música hasta la danza, la ópera y el cine, de modo tal que cada uno de los mismos, recrearon la historia de los amantes de Verona.

En realidad, Shakespeare fue el primer autor en delinear personajes claramente definidos, con características propias, inconfundibles. En la introducción de su Shakespeare, la invención de lo humano, Bloom incluso llega a decir que para él Yago o Falstaff tiene mucha más realidad que muchas personas que ha conocido. Lo interesante, además, es que esta cualidad no se quedó en lo meramente literario, sino que el genio de Shakespeare se extendió hacia la realidad misma y, por ejemplo, nos ofreció un modelo para enamorarnos (Romeo y Julieta), sentir celos (Otelo) o vivir la neurosis (Hamlet).
Dijo Freud: “Nunca estaremos protegidos contra las cuitas que cuando amamos. Nunca más desdichados y desvalidos que cuando hemos perdido el objeto amado o su amor”.
Para Freud, la consecuencia de las condiciones inconscientes de amor, será que solo puede amarse a quien cumpla las condiciones específicas de cada sujeto. Lo que nos acerca a la no-relación sexual planteada por Lacan. Que no haya relación o proporción sexual implica que no se puede elegir pareja solo porque se cumpla una condición de complementariedad biológica, tal y como ocurre entre los animales. En otras palabras, se requiere de la “contorsión significante “para que pueda haber una elección amorosa. Aquél a-muro que planteara Lacan en sus charlas de Sainte- Anne Hablo a las paredes (a los muros) parafraseando a Antoine Tudal:
Entre el hombre y la mujer,
está el amor.
Entre el hombre y el amor,
hay un mundo,
Entre el hombre y el mundo,
hay un muro.

Dicho de otra manera: hay condiciones de amor entre el hombre y la mujer, malentendidos y locuras.
En Introducción del narcisismo, Freud comparaba ya los estados amorosos con la locura a partir de la sobrestimación del objeto amoroso y el empobrecimiento del yo propio. Mientras más lleno de perfecciones se mira al objeto amoroso, tanto más inmunda le parece al amante su propia persona. Como nos indica Lacan en su primer seminario “Cuando se está enamorado se está loco”, sólo que hay sutiles, pero importantes diferencias entre la locura y las psicosis. Lo que abre una posibilidad de acceder a una dimensión más poética del amor: amar con locura. Un amor como acontecimiento en la trama de cada sujeto, en donde podamos concluir, junto a Gustavo Cerati “Yo siempre amé tu locura”.
Amar y ser amados.

Es que, de todas maneras, pese a que los vínculos amorosos han mejorado la manera de entenderse, que el divorcio facilita terminar con vínculos enfermos, que el lugar de la mujer es de mayor reconocimiento y libertad, la pareja sigue siendo una fuente importante de sufrimiento en la existencia humana.

El sociólogo Zygmunt Bauman, en su libro Amor líquido, nos habla de la fragilidad de los vínculos humanos, a causa de que el consumo sin freno y sin límites éticos, ha marcado el modo de amar de los seres humanos, de modo tal que los miembros de la pareja pueden ser considerados, por ambos, casi al unísono, como descartables.

En este contexto, al independizarse la sexualidad cada vez más del amor, adquiere las formas de una transacción circunstancial y los vínculos amorosos pueden disolverse con gran facilidad.
Debemos tener en cuenta que el enamoramiento, siempre presente en la vida de hombres y mujeres, lo va a ser en la medida en que resulta del reencuentro en un otro de rasgos particulares tales que recuerdan a las experiencias de amor de la vida infantil (Freud). Esta característica del enamoramiento posiblemente constituya una de las razones de la presencia de la pareja con proyecto de duración en las diferentes culturas. Y posiblemente esta necesidad de reencontrar y estabilizar en la adultez algo de la potencia amorosa de la vida infantil tenga relación con el deseo de formar familias que, tal como señala E. Roudinesco, tendencia que parecería no extinguirse y aun redoblarse en nuestros días.

Como ustedes saben, la palabra es no-toda, quiero decir que ninguna palabra encierra una verdad o un significado absoluto sino que el sentido surge al poner a cada palabra en relación con otra. Entonces, si el lenguaje arma el muro, la comunicación es difícil de lograr desde el momento en que cada palabra puede tener diversos sentidos y depende de la interpretación que cada uno haga de la misma. La torre de Babel es una metáfora de la comunicación entre personas que hablan, se mal entienden y desentienden en el mismo idioma.

Decir “aún ahora” no es lo mismo que decir “a una hora” y, “todavía”, no es igual a “toda vía” aunque tengan las mismas letras. Frases y oraciones pueden ser semejantes pero estar sujetas a una diferente interpretación.

El amor en los tiempos en los que la velocidad es un ideal
El amor en los tiempos del consumo, de la rapidez, de la superficialidad en las relaciones amorosas, alejan a los integrantes de una pareja de un compromiso afectivo real. Las parejas que se disuelven al poco tiempo de convivencia por sentir que la “costumbre”, había atentado contra el enamoramiento, la pasión, el deseo. Por otra parte, llama la atención la dificultad de los miembros de las parejas para compartir, inmersos en el afán de competir que se observa en las relaciones humanas en general.
En “El malestar en la cultura”, Sigmund Freud señaló que el ser humano “toma el amor como punto central y espera la máxima satisfacción del amar y ser amado”. El amor sexual era considerado entonces el método por excelencia para conseguir la felicidad.
George Bataille, sostiene que lo más grave que viene sucediendo con las parejas es que, consideran al hábito como lo que apaga la intensidad de la pasión cuando “el hábito tiene el poder de profundizar lo que la impaciencia no reconoce”.
Quiero concluir con este pensamiento de Julia Kristeva:
“El lenguaje amoroso es un vuelo de metáforas; es literatura”.

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista

Admin Radio Sentidos

Sólo buenas noticias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *