El músico interpretó más de una veintena de canciones, la mayoría de su repertorio en solitario.
Así se sucedieron "Mi gin tonic", "Media Verónica", "El tercio de los sueños", "Para no olvidar" y "Estadio Azteca", justo cuando se llegó al ecuador de la velada, preludio de uno de los momentos más vibrantes con la llegada de "Te quiero igual".
El concierto continuó con temas como "Siete segundos", "El día que me quieras", "Los aviones", la celebradísima "Mi enfermedad", "Maradona", "Sin documentos", "Los chicos" y la deliciosa "Paloma".
Tras despedirse del público, Calamaro y los suyos apenas se hicieron de rogar y regresaron rápidamente para atacar "Crímenes perfectos", cantada con su amigo Bunbury, recibido con fervor por los espectadores y con quien se fundió en un gran abrazo al término del tema.
Faltaba el colofón. La obra maestra del genio. "Flaca" no decepcionó. Al contrario, hirvió la sangre hasta al más templado y provocó que una admiradora perdiera los papeles y subiera al escenario para abrazar a su ídolo hasta tirarlo al suelo.