La globalización

Entre la curiosidad y el miedo a lo nuevo.

“(…) También soñábamos con un orden internacional más justo. El fin del mundo bipolar fue una gran oportunidad para humanizarlo más. En lugar de eso, presenciamos un proceso de globalización económica que se ha desbocado políticamente y, por lo mismo, está ocasionando un caos económico y arruinando la ecología en muchas partes del mundo.”
Václav Havel

Hace unos tres días, me sorprendió, agradablemente, la noticia de que Leandro Bustos, un pibe cordobés, de 17 años, que vendiendo turrones en una esquina, supo ganar una beca para estudiar en la India. “Con esfuerzo se puede. Si yo lo pude lograr, cómo no van a poder otros chicos”. En realidad, este joven, acaba de lograr lo que parece un sueño: cursar un Bachillerato Internacional (IB) en un colegio de la United World Colleges (UWC), un instituto preuniversitario reconocido por prestigiosas universidades en el mundo.
Leandro vive con su papá -jubilado- y tres de sus ocho hermanos. Y cuando las tareas escolares se lo permiten, colabora con la economía familiar. Y los fines de semana, vende turrones en una de las esquinas más transitadas de la capital cordobesa. “Es difícil”, responde ante la pregunta de cómo hace para poder estudiar, hacer la tarea, tener uno de los promedios más altos del colegio, además de trabajar para poder ayudar. Sin embargo, cuando el año pasado, Leandro se enteró de la beca gracias a una compañera, se movió, consiguió la ficha a llenar, la completó y esperó el llamado, que no tardé en llegar. Le dijeron que tenía que hacer tres exámenes en los que le preguntarían sobre Matemáticas y cultura general, preguntas en las que se podía averiguar en realidad cómo es la persona y cuáles son tus intenciones.

Fueron tres largos meses, hasta que en Agosto llegó otro llamado para ir a un campamento en Mendoza con el resto de los preseleccionados. Fue la primera y única vez que Leandro salió de Córdoba. El problema es ahora otro: la beca cubre los gastos de estudio, alojamiento y alimentación por los dos años lectivos que dura (desde agosto de este año hasta mayo del 2019) pero son los estudiantes quienes deben hacerse cargo de pasajes y seguro médico. Como es algo que él no podría pagar, decidió pedirle al banco que lo autorice a abrir una cuenta bancaria para que, quien quiera ayudarlo, pueda hacerlo. Hace poco, por recomendación de un amigo, vio la película “¿Quién quiere ser millonario?”, que narra la historia de un chico huérfano, muy pobre, que vive en Bombay.

Eso lo sorprendió:

“Me gustaría poder ir y ayudar y, después con todo lo que aprenda, poder volver y ponerlo en práctica en mi país”.

Tendiendo puentes
Según Marcel Mauss, como tender un puente suponía romper el orden natural dado que los ríos se cruzaban de a pie, hacía falta un pontífice para aplacar la ira de los dioses. De pontífice, procede la palabra puente. En verdad, los pontífices, eran los que establecían un puente entre los dioses y los humanos.
Como en nuestros tiempos, dejaron de necesitarse intermediarios entre los hombres y Dios, la palabra es el puente, el lazo, la mano extendida, que ayuda a ir más allá de las fronteras entre los hombres y la naturaleza humana.

Tengo grabado en mi memoria, este cuento jasídico que quiero compartir con ustedes: “Cuando Dios le ordenó construir un arca, se sirvió de la palabra teva que en hebreo significa arca y palabra: “será gracias a la construcción de la palabra como sobrevivirás al diluvio”. Es que la palabra, disponerla, es el puente que permite acercar uno al otro, pese a los malentendidos que la misma palabra puede llegar a provocar.

Sí, la palabra. Es más, como los fallidos y los lapsus, la vida misma es un equívoco en la que, para salvar los obstáculos, olvidos, errores y demás, hay que tender nuevos puentes.

La película Brooklyn, da cuenta de esto. Empieza narrando lo que sucedía en Irlanda en los años 50.
Eilis Lacey (Saoirse Ronan), es una joven que vive, con su hermana mayor Rose (Fiona Glascott) y su madre viuda Mary (Jane Brennan), en el pueblo de Enniscorthy y que trabaja como empleada en una pequeña tienda de comestibles. Gracias al Padre Flood (Jim Broadbent), un sacerdote irlandés de Nueva York, Eilis logra escapar de ese asfixiante mundo y viaja a Estados Unidos.

Una vez en Nueva York, se instala en Brooklyn, donde se hospeda en una casa de huéspedes en la que viven otras emigrantes irlandesas con las que supo trabar amistad. Eilis trabajará entonces como empleada en unos grandes almacenes y, por las noches, asistirá a clases de contabilidad.
Una noche acudirá a un baile donde conocerá a Tony Fiorello (Emory Cohen) un chico italiano de familia humilde del que se enamorará. Pero entonces, justo cuando su nueva vida en Nueva York va viento en popa, su pasado en Irlanda llama a la puerta. Eilis recibe noticias acerca de un grave problema relacionado con su familia, por lo que tendrá que tomar una difícil decisión y elegir entre los dos países y, en consecuencia, entre las vidas que tiene en ellos.

Brooklyn es una adaptación de la novela homónima escrita en 2009 por el irlandés Colm Toibin. Está dirigida por el también irlandés John Crowley (Intermission) y protagonizada por un espléndido Saorise Ronan (Lost River, El gran Hotel Budapest, The Host (La Huésped)).
La globalización: entre la incertidumbre y el miedo a lo nuevo.
Como dije en otras oportunidades, la globalización no es un hecho nuevo. La interrelación entre los países, existe desde la prehistoria, con los movimientos migratorios.

Tanto el Imperio Romano, como China, supieron poner vastas zonas desconectadas entre sí bajo su dominio, siendo el descubrimiento de América el que inició la apertura hacia un mundo desconocido.
Una ventaja considerable de la globalización, fue la de haber acrecentado, en el siglo XX, las revoluciones tecnológicas, los sistemas de transporte y el avance de las comunicaciones. La era espacial, a su vez, facilitó descubrimientos como el Diagnóstico por imágenes, el Monitoreo cardíaco, el Código de barras, el Termómetro digital sin mercurio, los pañales desechables, el Sistema de ahorro de energía utilizado en refrigeradores, el Laser, utilizado tanto en la Medicina como en la Industria y el Velcro, entre muchos más.

En verdad, a partir de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, la globalización se aceleró hasta convertirse en el fenómeno económico, social y político dominante de nuestra época.
La globalización no es un hecho aislado, sino el resultado de un largo proceso histórico. En realidad, si bien muchos países se vieron favorecidos, otros no lograron salir de la pobreza. En iguales circunstancias, muchos de ellos, supieron aprovechar la transferencia de conocimientos, alcanzando en pocos años un desarrollo significativo que, de otra manera, les hubiera llevado décadas.
Indudablemente, la globalización cuenta con muchos puntos a su favor, sobre todo el incremento del conocimiento, impulsado por los adelantos tecnológicos y los descubrimientos científicos, que han beneficiado a la humanidad. También, trajo una mejora en la comunicación continental por la que el sector laboral pudo coordinar acciones en defensa de los trabajadores; la ampliación de los espacios de democratización y redistribución del poder, y el surgimiento de redes de comercio que, muchas veces, fueron beneficiosas para los pequeños y medianos productores de cada región.
Sin embargo, si bien, la globalización trajo ventajas para la población en general, introdujo sentimientos de temor, incertidumbre, desconcierto ante los problemas que pueden surgir al entrar en contacto con otros.

La globalización y el cine
Apasionada por el cine, el cine mismo muestra el aporte que la globalización ha ido haciendo con y en el cine.
Trabajos en diferentes puntos del mundo, universos re creados, un mundo de fantasías hechas realidad, interrelación entre actores que hablan diferentes idiomas, dan cuenta de lo maravillosa que puede ser la globalización.
Películas como “Ovruiéres du munde” de la directora belga Marie-France Collard y Store Wars, que narra la resistencia de los habitantes de un pueblito norteamericano a la llegada de Wall Mart, aportan respecto de los inconvenientes que puede ocasionar la globalización. El cine mismo, da cuenta, en sí mismo, lo bueno de la globalización.
“Ouvriéres du monde” que narra la historia de miles de obreras europeas que se quedan sin trabajo en la fábrica Levi´s como consecuencia de que sus pares asiáticas se ven forzadas a trabajar por menores salarios, ayuda a repensar la cuestión del daño que la globalización puede ocasionar.
Es para tener muy presente que las personas más ricas del mundo poseen una fortuna superior a los productos brutos de los 48 países más pobres.

La película de Collard encontró su sitio desde donde observar los efectos de la globalización. El sector textil, por ejemplo, se encuentra particularmente afectado porque se nutre de una mano de obra no calificada. Lo cierto es que allí, trabajan muchas mujeres, la mayoría de entre 18 y 25 años, que, después de esa edad, se sienten muy cansadas para continuar trabajando. Las condiciones de trabajo han sido siempre pésimas, con notables diferencias entre los países europeos y los asiáticos que, en general, han alimentado prejuicios, las tensiones y divisiones en beneficio de las grandes corporaciones.

No sólo lo referido al trabajo, es importante en el tema de la globalización. “Matrimonio por conveniencia”, muestra lo necesario que puede ser casarse para obtener la ciudadanía del país de donde procede él o la elegida. A veces llegan a amarse, como en esta película, otras veces, reconocen la ayuda y solidaridad del otro para llevar adelante, muchas veces, el sueño de una vida mejor.
Libros como Corazón, de Edmundo de Amicis, dan cuenta de la apertura al mundo que conlleva la globalización. De los Apeninos a los Andes, llevada al cine, pone en imágenes lo que siente un hijo en busca de su madre, allende el mar.
La globalización: una puerta abierta a la vida.

El Profesor, crítico y ensayista Francisco Ayala (Granada), dijo respecto de la globalización: “De pronto nos hemos encontrado con que es verdad que el mundo es sólo uno. La globalización, simplemente una palabrita, pero que ha acabado por ser verdad. El mundo es ya sólo uno”.

Si bien, estamos viviendo tiempos difíciles, alarmados por ataques terroristas, terremotos e inundaciones además de robos, violencia en las calles y la corrupción que atenta contra todos, nada de esto es propio de nuestra época porque, de alguna manera, siempre, estos hechos, existieron.
Somos hijos y nietos de inmigrantes y nosotros mismos somos inmigrantes ya sea por mudarnos de un lugar a otro, para poder ir a la Universidad, o motivados por nuevos trabajos. Y esto nos lleva, a dar lugar, siempre, a las diferencias. No somos iguales. Lo somos frente a la ley. La igualdad de derechos y de oportunidades hace al mundo más libre y más justo, al menos este propósito tuvo marco de Ley, para hacer que la vida sea vivible.
En mi opinión, podemos pensar y vivir la globalización como una puerta abierta al mundo. Incluso la incertidumbre puede enriquecernos, porque donde dudamos, existimos. La educación provee, a través de la transmisión de valores, la vía para crear, inventar y darnos las manos a pesar de y con las diferencias.
Con la artista Perla Bajder, que posiblemente venga el próximo jueves “a la vuelta de la esquina”, trabajamos, casi sin conocernos personalmente, pero sí a través de nuestra obra, para el libro “Identidad y diversidad”, idea del Dr en Letras Stephen Sadow. Quiero decir, ambas fuimos partícipes de un proyecto que logró hacer de una ilusión, una realidad.
Quiero concluir con esta reflexión de José Mujica:
“La política está sujeta a volar como las perdices, cortito y rápido. Y se está necesitando política de largo aliento en un mundo que se globaliza.”
Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista.

Admin Radio Sentidos

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