Entrevista con el escultor Guillermo “Kill” Díaz

Guillermo Díaz es lo que se dice un hombre “polirrubro”. Sus múltiples intereses, siempre relacionados con el arte de la escultura y más recientemente con el coleccionismo, lo han convertido en un apasionado por replicar objetos relacionados con la cultura pop, gracias a las bondades de la impresión 3D. Sus creaciones son tan únicas como él mismo, un ser abierto y capaz de compartir su conocimiento con quien sepa apreciar el proceso. Una cálida tarde de Julio nos contó su historia, una que creemos es digna de contar. Con ustedes, Guille (o como se hace llamar “Kill”) Díaz.
Contanos un poco cómo empezó tu pasión por esto (la escultura), el coleccionismo.
G: Yo empecé de chico. Siempre me gustaron los aviones. Lo primero que empecé a dibujar fueron aviones. Pero muy chico, tenía 6 años más o menos. Después de adolescente, mi viejo me empezó a comprar revistas de modelismo, y empecé a armar maquetas de aviones. Me gustaban los “caza” reacción modernos. Empecé con esos y después armaba los aviones de la Segunda Guerra Mundial; pero no porque me gustara la guerra sino porque me gustaban los aviones como objetos. Y después empecé armando cosas de ciencia ficción. Empecé con una nave de Galáctica por ejemplo, algo de Robotech. Lo que me gustaba de chico.
Ciencia ficción de la buena.
G: sí, sí. Después conocí a un amigo, él coleccionaba cosas de Star Wars y por él empecé a coleccionar las figuras de Star Wars.
Y ahí te voló la cabeza Star Wars.
G: Sí, sí. Porque a las películas las vi pero nunca les di bola. Me gustó también el diseño conceptual de los trajes, de los vehículos. Por ese lado me gusta la ciencia ficción. Por eso te digo que yo no consumo comics, ni nada o sea. Únicamente lo que me gusta. Y, de apoco, como había cosas que no conseguía porque a veces estaba limitado económicamente, empecé a hacer. De las maquetas de aviones, pasé directamente a la ciencia ficción. Dejé todo lo que tenía que ver con el modelismo y empecé con la ciencia ficción. Y después de cosas a escala pasé al 1 a 1. Si me gustaba un arma que era inconseguible, me la empecé haciendo. Entonces empecé a ser acumulador, ¿viste? Uno ve los objetos con otros ojos. Entonces empezás a juntar tornillos, a juntar esto, a juntar lo otro, todos materiales que uno les ve otra forma. Y de a poco, empecé armándome piezas chicas y familiarizándome con los materiales y empecé así a investigar, solo, sobre los distintos materiales que ahora uso. Y al medio, estudié prótesis dental que me sirvió también el tema de los materiales, las herramientas.
Pero qué fue, solamente p prótesis orientada a eso, o odontología en general?
G: No, no. De grande, o sea. Me había quedado sin laburo y como una alternativa estaba la posibilidad de estudiar esto. Ahí te queman la cabeza y te dicen que no hay forma. Si no tenés capital para ponerte un laboratorio, las herramientas son muy caras. Pero me sirvió mucho lo mismo. Me sirvió como experiencia. Hacía muchos años que no estudiaba toda la parte teórica y eso me vino al pelo, como para reactivar. Pero nunca ejercí.
Después traté de hacerlo (modelismo y escultura) a nivel trabajo porque ya me preguntaban por qué no hacía para vender, y mi respuesta siempre era” Me lleva mucho tiempo y es muy caro”. Pero así fue como me empezaron a pedir cosas. Este que coleccionaba cosas de StarWars, por ahí había piezas que no se conseguían o eran carísimas y yo me hacía una para mí y le hacía una para él. Por ese lado arrancó.
Y el tema de las impresiones 3D en particular?
Hace un par de años, empecé también a trabajar más con el modelado. Hice un par de máscaras con plastilina. Así se hace, con plastilina industrial; lo modelas, le haces el contra molde de yeso y después con eso hacés la pieza de fibra de vidrio. Empecé a investigar el tema de la impresión 3D. Hace dos años estaba más verde en el tema que ahora, que se ha popularizado más. Y creo que de entrada le encontré la vuelta para qué era lo que quería. Era como un complemento, como una herramienta más para lo que yo hacía. Yo no me encasillo, ni siquiera dentro de los escultores. Soy un poli rubro porque meto muchos materiales y hago muchas cosas también, no solamente bustos, suponte. A mí me gustan los trajes y me gustaría dedicarme exclusivamente a eso, a armaduras; desde lo medieval hasta lo ultra moderno. Y el tema de los cascos. A mí me gustan mucho, me fascinan mucho los cascos. Empecé haciéndomelos para mí. Pero a medida que la gente me pedía, pasó del hobbie a la venta. Y con el tema de la impresión, siempre tuve claro que era para hacer las matrices que tienen mucha mayor fidelidad. Tiene más simetría lo que es un casco. Si tenés que hacer a mano las dos mitades -o sea moldearla de cero -es más complicado.
Y también empecé con una visión y ahora le descubrí la veta y es mucho más amplia de lo que uno se imagina. La impresora no tiene límite. El límite lo tiene el diseño. Como no diseño, eso es lo que me limita. Pero no puedo hacer todo. Ya estoy convencido de que si yo hago la pieza, luego la comercializo, le doy la terminación y la vendo, no puedo. Hay que derivar. Y, por ahí, lo que yo hago es muy específico y no todos lo conocen. Ponerme a explicarle a alguien cuales son todos los pasos que yo hago para que me dé una mano, es muy complicado. Entonces sigo atado a eso, a tener que hacer yo las cosas.
¿Qué es lo que te diferencia del resto en este rubro? ¿Qué es lo más importante de tu proceso?
El acabado, es darle una buena terminación a cada pieza para que no se note que estaba impresa. La mayoría de la gente que tiene una impresora y hace cosas no tiene la base de modelismo ni de la escultura que yo tengo. Entonces a las piezas las sacan como salen de la máquina, y no están ni quedan buenas. Entonces el post impresión es lo que a mí me diferencia. He querido laburar con gente que para ellos lo que ya estaba listo (la terminación) yo notaba que aún le faltaba, ¿Entendés? Yo soy más meticuloso, mientras el resto ve esto y dice “No, lo hagamos rápido. Total, la gente no le da bola”.
O no se fija…
Y sí se fija. Yo creo que eso es lo primordial. La terminación.
Es lo que te diferencia.
Y justamente es lo que me diferencia (enfatiza). Me pasa con los escultores, que reniegan de incorporar tecnología nueva porque ellos dicen que no hay como el contacto manual con la materia prima, y para mí es un complemento. Yo no me estanco. No creo que sea de una forma o de otra. Me parece que, por ahí, sabiendo utilizar las cosas, son complementos que te ayudan.
Cuanto tiempo lleva más o menos en promedio una pieza?
Un casco en escala 1 a 1 (que es la escala real) son aproximadamente entre 8 y 15 piezas, suponte, en promedio. Y cada pieza tarda 20 horas más o menos. Así que sacá la cuenta, si son 6 u 8 piezas, ¿Cuánto te lleva en horas de impresión? Y a eso después sumale el post impresión que es pegarle las piezas, enmasillarlas, y después lijarlas; después enmacillarlas de nuevo. Así el proceso se repite más o menos 3 o 4 veces hasta que queda lisa, perfecta. Y después a eso se imprima, que es la pintura para ver todos los detalles, todos los errores. Si está todo bien, se dan tres manos de imprimación y después la pintura definitiva. Y entre cada mano de pintura tenés que lijarlo, porque la pintura tiene porosidad, para que quede perfectamente liso. Así que todo lleva su tiempo y hay cosas que no podes saltear. Si empezás de determinada manera, tenés que darle el tiempo a la macilla que se seque, porque si pintas sobre la macilla que está húmeda, la pintura se levanta. Si lijás y no quedó bien tenés que volver de nuevo a repintar. Entonces, lo ideal es no saltear ningún paso.
Y la gente después te dice que es caro lo que hacés y…
Después cuando me hacen un pedido me dicen, -Ah, qué salado! Yo siempre tengo la misma contestación. -Si vos supieras las horas que tiene de lija y de macilla y de pintura, verías que no es salado. Al contario.
Y aparte es dedicación porque vos estás poniendo parte de tu alma, de toda tu creatividad en eso.
Sí, yo lo hablaba con un escultor en el evento (ComicCórdoba) y le decía que es como tener un hijo. Cada pieza es única. Y, al principio, me costaba desprenderme. Porque yo las hacía para mí, no con el objetivo de venderlas. Y como demandan mucho tiempo, y últimamente viste, la gente dice que el tiempo es lo más caro que uno tiene, -recién ahora se están dando cuenta de eso- entonces por eso me costaba mucho desprenderme de las piezas. Pero ahora, vos viste, la vida va cambiando constantemente. Entonces, a lo que antes yo me apegaba, ahora lo tomo como de transición, hasta con la colección misma. Viste que yo te decía al principio, sí me cuesta desprenderme de esto, pero bueno; en algún momento volverá. Salvo las piezas que yo me he hecho para mí, que las he vendido que son piezas únicas, el resto se consigue todo.
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Admin Radio Sentidos

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