Cuando se protege más al victimario que a la víctima

“El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad”. Albert Einstein

El sentimiento de culpa que muchas veces agobia a la izquierda, motivado por el abandono de los adolescentes tanto por parte de los políticos, los mismos padres y la sociedad en general, ha conducido a la angelización del delincuente, sobre todo si se trata de un adolescente.

Esta torpeza para tratar el problema ha llevado a que la angelización retorne como un boomerang sobre los mismos que de alguna manera la promovieron. Un lamentable ejemplo fue lo padecido por el diputado Jorge Rivas que, luego del golpe recibido en la cabeza con un machete, no sólo quedó parapléjico sino que arrastró a toda su familia a cuidarlo y sostenerlo, además de silenciar, llamativamente, el horror y la impotencia por el malvado ataque de los dos delincuentes que no dudaron en descargar su fuerza y el arma asesina, para robarle, aunque más no sea, un celular.

La culpa, que muchas veces es de elogiar, de hecho Marcos Aguinis escribió un libro titulado “Elogio de la culpa”, puede conducir a un callejón sin salida. ¿Por qué? Porque detrás de la culpa está el deseo de ser castigado. Lo que la sostiene, por el motivo que se trate, puede ser el deseo incestuoso o un deseo condenado por la sociedad de modo tal que el castigo mismo se vuelve satisfactorio. Las promesas, caminar kilómetros, caminar de rodillas hasta hacerlas sangrar, conllevan un placer que va más allá del agradecimiento por el milagro obtenido gracias a las oraciones.

Retomando la cuestión de la culpa, intrínseca a la izquierda, en el caso de un adolescente que mata por el placer de matar, ¿por qué angelizarlo? Por la culpa de que la sociedad no hizo lo necesario para llevarlo por buen camino. Y es verdad, la sociedad, los políticos y los padres, descuidaron lo más importante: la educación, la transmisión de valores, de principios. Los Diez Mandamientos son muy claros, sólo hay que cumplirlos y, al hacerlo, el sujeto descubre que poder llevarlos adelante, es muy placentero en el mejor sentido de la palabra: alivia y alegra al mismo tiempo.

Tiempo atrás, una paciente, maestra, que detuvo el auto para respetar que mujeres con sus niños, gente mayor o algún discapacitado pudieran cruzar por la senda peatonal, fue acribillada a bocinazos e imparables insultos que la gente vociferaba enloquecida.
De todas maneras, comentó que era tan grande el placer de darle al otro su lugar, que se abstuvo de cometer la falta que, a los gritos, muchos le exigían.

La culpa vs la responsabilidad
Sabemos que cuando el sujeto se siente culpable, va a intentar reparar el daño cometido. Esto es muy valedero pero, si inconscientemente también busca la manera de ser castigado, posiblemente fracase en el intento.

Desde una postura diferente, la persona responsable de sus actos, no sólo está lejos del deseo de ser castigado sino que es más libre para pensar y para llevar adelante el los anhelos de un mundo mejor.
El cine argentino, al denunciar la pobreza como uno de las causas de la delincuencia, cayó en el mismo error de angelizar a los delincuentes por su extracción social motivo por el cual poco pudo mostrar cuando los delincuentes proceden de las clases más acomodadas.

En “Feos, sucios y malos” (Italia. 1976) la inolvidable película de Ettore Scola, el director construye una parábola del reverso de la sociedad opulenta, resaltada por la interpretación del genial Nino Manfredi. La destaco porque en esta comedia salvaje y cruel, se muestra la vida en un sector marginal de Roma, sin necesitar angelicarla. La crueldad y la desolación coexisten, con alguna ironía, en una familia que conspira para matar al padre.

Matar al padre es matar la ley y ese es el fundamento de la violencia y ensañamiento de los delincuentes en la sociedad actual. No es la romántica pobreza que se luce en “Ladrón de Bicicletas” (1948), de Vittorio de Sica, considerada como una de las películas emblemáticas del neorrealismo italiano, elegida en 1970, por votación, como una de las 10 mejores películas de la historia del cine. La película culmina cuando Antonio, el trabajador al que le robaron la bicicleta, fracasa al intentar robar otra parecida. Cuando lo atrapan y Bruno, su pequeño hijo, lo salva de la cárcel al llorar desesperadamente, Antonio regresa a su casa encontrándose tan pobre como antes pero con la vergüenza de haberse colocado al nivel de quien le había robado.

Es notable la diferencia entre los mismos intelectuales, para dar cuenta de una realidad marcada por la violencia, como la que se está viviendo en nuestra sociedad. En ninguna de las dos películas que mencioné se victimiza al delincuente; tampoco idealizan al feo, sucio y malo. Al mostrar las cosas como son, se abre un espacio para reflexionar.

En mi nota “Las desilusiones tempranas y el suicido en los adolescentes”, Comunidades 535, escribí sobre la generación de jóvenes NI-NI (ni trabajo, ni estudio), hecho que se produce independientemente de la clase socioeconómica a la que pertenezcan. Son jóvenes entre 14 y 30 años de edad que, el hecho de no estudiar ni trabajar, puede generar, en algunos, sentimientos de preocupación y angustia y, en otros, resentimiento, odio, deseos tanáticos.

De alguna manera indiferentes ante la realidad, optan por no estudiar dado que suponen no conseguirán ningún trabajo relacionado con sus estudios o, no lo hacen, simplemente por falta de ganas de estudiar. El riesgo para esos jóvenes es la marginación, discriminación y exclusión social.

Por otra parte, también debemos considerar a los que hacen del robo y del delito, una profesión. Me comentaba una maestra que trabaja en zonas marginales, cómo para el adolescente, la meta era robar sin que el asaltado se diera cuenta. Para lograrlo tenían un profesor que les enseñaba a robarle un objeto a un maniquí preparado con “cascabeles”, para que logren su cometido sin hacer ruido alguno. El que lograba hacerlo, era aplaudido por sus compañeros de clase, por decirlo de alguna manera.

Debemos tener en cuenta que la mayoría de los delincuentes, sobre todo adolescentes, hoy no tienen códigos, como bien dicen los delincuentes que están presos. Ellos estaban preparados para delinquir pero no para matar. Los adolescentes, inmersos en las drogas y el alcohol, hoy matan por matar.

El costo de erigir al delincuente en mártir
Pese a que la inseguridad se encuentra con razón en el primer lugar de la preocupaciones de los argentinos como lo señaló la periodista Diana Cohen Agrest en el diario La Nación (18/02/2014) bajo el titulo “El costo de erigir al delincuente en mártir” el proyecto de nuevo Código Penal “angeliza al delincuente”, disponiendo la reducción de la prisión a un mínimo mediante el programa de estímulo educativo vigente, que excarcela al reo hasta dos años antes de cumplida la pena y la instrumentación de “penas alternativas”, aplicadas en países civilizados para quien ensucia un monumento público o interrumpe el tránsito y no para los asesinos reincidentes que destruyen vidas y familias enteras en el día a día.

Esta pretensión no se entiende si apreciamos el incremento de la violencia doméstica y callejera y de la impunidad compensada por los ajustes de cuentas. Así esta ideología conduce a obviar a la víctima, negándole su derecho a acusar a su victimario acorde al delito sufrido además de imponérsele la solución del conflicto con el pretexto de una supuesta paz social, cada vez más lejana desde el momento en que al delincuente se le otorgan guiños de parte del poder para robar, violar, agredir, matar.

Por ello es atinada la expresión de la periodista Agrest en su nota cuando señala “¿Acaso no se preguntan cómo es posible que en democracia se hayan multiplicado por varias decenas de miles las víctimas de la violencia pública manifestada de muy diversas formas pero con el denominador común de la ausencia del Estado?

Si sumamos los muertos por inseguridad a los muertos por evitables delitos de tránsito, ¿acaso no se trata de un suerte de “genocidio” imputable a una irresponsabilidad de los tres poderes que nos gobiernan, sometidos por igual a una angelización de los delincuentes y a una impune indiferencia ante las víctimas, la mayoría proveniente de los sectores más vulnerables de la población?”

Lo que los garantistas denominan “cuestión social” al hablar de la “resocialización del delincuente”, luego de convertirlo en mártir pese a haber golpeado, robado, violado y matado por culpa de una sociedad que no lo supo contener, la víctima, ese ciudadano al que vulneraron en su integridad física, sexual y saquearon golpeándolo sin piedad, debe soportar y ceder en pro de “la paz social”.

En esta desafortunada realidad de políticos, jueces y fiscales garantistas que avalan al que agrede, viola, roba y mata es hora que los ciudadanos, el hombre de a pie, damnificado por esta concepción supuestamente progresista, alce la voz y exija a los gobernantes que escuchen las preocupaciones del pueblo, el pedido por la seguridad ciudadana y de que la víctima obtenga el pleno reconocimiento de las garantías de debido proceso, igualdad y seguridad que le otorga la Constitución Nacional.

En mi opinión, los que delinquen, tanto jóvenes como adultos, son gente muy enferma psíquicamente, pero hay diferencias: están los asesinos por naturaleza y los que llegan a serlo sin tener demasiada noción del por qué. Es cierto, hay diferencias pero, de todas maneras, a ambos hay que jugarlos y, de ser necesario, darles una merecida condena, nunca angelizarlos, porque el hecho de ser pobre o de ser un sujeto indeseado, jamás sería un aval para liberarlo de culpa y cargo. Cada persona al ser responsable por sus actos, lo es ante la Ley.

En su seminario Nº 7, “La ética del psicoanálisis”, J. Lacan introduce la cuestión del discurso de la libertad, tan usado por el terrorismo y extremismos en general, al señalar la discordia entre el hecho de la revuelta y la eficacia transformadora de la acción social. En el mismo seminario, Lacan advierte: “No existen más que los mártires para ser sin piedad ni temor. Pero créanme; el día del triunfo de los mártires es el día del incendio universal”.

Quiero concluir con esta frase de Arnold Joseph Toynbee:

“El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan”.

Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista.
http://www.radiosentidos.com.ar/programacion/a-la-vuelta-de-la-esquina/

Admin Radio Sentidos

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